- Mami, cómo es que se llama ese sitio donde vivimos? Santo… algo, no?
- Santo Domingo corazón, Santo Domingo. Qué, ya te olvidaste?
- Ah! verdad. Yo no quiero volver allá, aquí es más divertido.
Este muchachito no es fácil, pero lo entiendo. Desde el punto de vista de un niño de 7 años la vida no se pone mejor que esto.
Es como si viviéramos en una fiesta de cumpleaños eterna, con abuelas, tías y primos que sólo ven cada par de años dispuestos a complacerlos, mimarlos y cocinarles a la carta. Días que comienzan no antes de las 10 de la mañana, parques y playa a diario, sueño que llega cuando ya no pueden más y muchos, muchos primos (o así me parecen a mí por lo menos).
Hace dos meses soñaba con que llegaran las vacaciones de verano para dejar de levantarme temprano a preparar las meriendas del colegio y no tener que manejar en la selva que es Santo Domingo antes de las 8 de la mañana.
Ahora le pago a cualquiera que me regale un día rutinario de esos. Pero no aparece a quién.
No hace ni un mes que llegamos a Israel y mi vida anterior es solo un recuerdo. Todo ha cambiado.
Mis expectativas y lo que pasa en realidad:
- Esperaba visitar sitios exóticos. La realidad: Ahora por más exóticos que me encuentre los mercados de este país prefiero ahorrármelos si tengo que ir a ellos con los niños, ¡que stress!
- Esperaba tomar toneladas de fotos para mis collages. Puede ser que todavía lo haga, pero la verdad es que ahora mismo, encontrar una sombra bajo la que sentarme 10 minutos sola me hace más gracia que cargar con la cámara, los lentes, el coche, los bultos y demás parafernalia.
- Pensaba cruzar a Turquía y poder escribir sobre cómo se me dió lo que soñaba despierta en este post que escribí hace tiempo. La realidad: la seguridad en el aeropuerto israelí es tan desesperante y los costos de este país tan alto, que yo paso, aparte de que todos se hacen los sordos cuando planteamos dejar los niños par de días para hacer el viaje. Qué se le va a hacer?
- Pensé descansar: Já!
- Pensé escribir más: Já, Já!
Lo que no me esperaba y si que he tenido de a mucho:
- Más tiempo con la familia política de lo que me parece lógico.
- Prácticas colectivas de amor, entrega y paciencia.
- Vivir en el presente sin hacer esfuerzo: uno de los niños hizo cacá, hay que limpiarlo; tienen hambre, alimentarlos; hicieron un reguero, ponerlos a recoger; corrieron al columpio, empujarlos; me dieron un besito mojado, notar cómo me derriten estos niños y tratar de no comérmelos.
- Una renovada conexión con mi mejor amigo y pareja.
- Un profundo agradecimiento por mi vida normal, por mi taller, por mi arte, mi casa y mi ayuda doméstica
Así es la vida, uno espera las Mil y Una Noches y recibe una vida normal.
Lo interesante es caer en la cuenta de que nuestra vida es mucho más especial que cualquier leyenda y que lleva su propio curso donde sea, en Tel Aviv o en Santo… algo.
Con amor,
Carolina












